JAVIER VÁZQUEZ — CUENTOS PERDIDOS

JAVIER VÁZQUEZ — CUENTOS PERDIDOS

INAUGURACIÓN JUEVES 12 MARZO 2020, 20.00H.

Exposición del 12 de marzo al 25 de junio

Como si fueran los párrafos desperdigados de un relato de Cortázar, los dibujos de Javier Vázquez contienen toda la fuerza de los secretos. Sobre sus líneas, afiladas y duras, podrían retar al miedo los funambulistas, y también lanzarnos algunas preguntas a nosotros, que volvemos siempre a mirarlos con la confianza de completar las partes que faltan de la narración. ¡Pobres ilusos!

En las hojas de sus cuadernos hay personajes a los que uno cree haber visto en más de una ocasión, tal vez en el metro o en la tienda de ultramarinos, e incluso en el garito que nadie sabe que frecuentamos cuando nos ponemos tristes. Desde el papel a veces nos guiñan el ojo, nos cuentan una gracieta o nos susurran una obscenidad. Nunca sabemos si se están riendo de nosotros o nos miran con ternura, pero cualquier cosa que hagan o vayan a hacer estos misteriosos seres resulta tan ininteligible como hermosa, igual que es hermoso un amanecer con el que nos topamos por sorpresa en un sitio vulgar.  

Javier Vázquez pertenece a una genealogía de artistas que transmiten el pálpito de la vida en cada movimiento del lápiz, y da lo mismo que dibuje un taburete que un cantante de jazz. En su obra está la pulsión de Egon Schiele, el humor de Otto Dix, la irreverencia de Goya. Ha ilustrado cuentos para niños en Barco de Vapor y cuentos para adultos en Madriz, pero lo que recorre toda la obra del autor es una verdad incómoda, la de que ninguno de nosotros podrá nunca reconstruir el relato del que sus ilustraciones son un puñado de párrafos sueltos y en desorden.

Por todo lo anterior, cuando nos referimos a Javier Vázquez, más que hablar de ilustración -es decir de dar luz al entendimiento-, podríamos hablar de ocultación -dejar en el misterio-. A mi entender es mucho más interesante, puesto que cada uno de sus dibujos es un secreto, un enigma, que nos permite tener fe en algo -cada uno sabrá en qué-. Y esto sólo lo consiguen los grandes artistas, los auténticos creadores, cuya obra siempre volvemos a mirar ojipláticos.

Por Ignacio Vleming

Algunos dibujos de la exposición