Cuentos dispersos, Javier Vázquez

 

Prorrogada hasta el sábado 11 de noviembre

De 18:00 a 20:30 y sábado de 12:30 a 14:30.

Para visitas fuera de horario llamar al 647 533 497

 

Exposición del 19 de octubre al 3 de noviembre, ver selección de imágenes

El jueves 19 de octubre inauguración, a las 20:00.

El dibujo como herramienta narrativa con el objetivo de atrapar la realidad que habitamos, a través de una mecánica que desarrolla la narración en paralelo a la destreza plástica en el manejo de la acuarela, configura un universo propio irrepetible.

“Hay intervalos, espacios vacíos en el curso de las cosas observables, tiempos intermedios en que la realidad, qué realidad, depende (una pulga, el cuerpo, otro, un maremoto), se abre paso y nos incordia. O hace reír. Qué dice, es otra cosa. A saber.

Todos los cuentos oídos y contados resultan insuficientes para enfrentar esos vacíos no tan vacíos, llenos de ruido y etcétera, donde corren y triscan las imágenes, líneas, trazos y marañas deslizándose hasta encontrar su forma, finalmente de frontera. Fronteras que recorrer, no diremos en qué dirección. Hay más de dos. Ni en qué sentido.

Hay hilos que cosen y descosen la trama, pero qué cose y descose los hilos. Otros hilos, y así todo el tiempo o casi todo el tiempo”.

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“Conocí a Javier a finales de los 80. Él entonces había dejado su trabajo en una editorial. Gracias a los contactos que me proporcionó conseguí mi primer trabajo en el apasionante mundo de los libros de texto y nuestras conversaciones sobre dibujo, en aquella época, ayudaron a encarrilar la oveja despistada que era yo entonces.

Por aquella época él ya publicaba regularmente en Madriz, mi revista de cómics favorita, donde sus historias de locos me dejaban descuadrado. ¿Qué coño era aquello? No entendía nada (a día de hoy sigo sin entenderlas), pero me fascinaba su economía de medios, sus preguntas sin respuesta, sus ojos en blanco.

Desde entonces he ido viendo y disfrutando sus trabajos (son muy fan de la serie de Kiatowsky para El Barco de Vapor) desde el vértigo de saber que nunca llegaría a la suela de los zapatos de ese maestro de la austeridad. Aunque a veces lo intenté, mis trabajos eran más de fanfarria, de usar más para decir menos.

Javier está ahora mismo en momento de plenitud. Nunca ha dibujado mejor, nunca han sido sus líneas más expresivas. Toda una vida dibujando debe, dicen, dejar poso. Los que tenemos la suerte de ver su trabajo en, por ejemplo, sus colaboraciones mensuales en la revista M21 o, hasta hace bien poco, en Mongolia, apreciamos su sarcasmo, su fino sentido del humor y sus líneas hirientes”.

Enrique Flores